MI AMIGA_POR MARÍA FERNANDA DURÁN ESTRADA_1B


Nunca he sido buena para recordar; sin embargo, esto sí que lo recuerdo, al menos bastante, a la perfección. 

Recién había cumplido mis cinco años de edad. Mis padres habían finalizado su divorcio hacía no más de un mes. Si bien las cosas entre ellos no terminaron de la mejor manera, mi madre nunca me impidió pasar tiempo con él y su familia.  

Todo comenzó a mediados de noviembre, estaba en casa de mi abuela Agnes y mi tía Andrea, la madre y la hermana de mi padre. Me encontraba sentada en frente de la ventana mirando a la calle. Entonces la vi, sentada en la acera de enfrente, sin nadie acompañándola. Aquella vez solo habíamos cruzado miradas e intercambiado sonrisas. Claro que esa no fue la última vez que la vi. 

Dos días después pasaba lo mismo. Mientras que yo me encontraba en el patio de la casa jugando con mis muñecas, ella estaba situada en el mismo lugar de la acera. La diferencia fue que, al parecer, la niña había decidido a acercarse. 

—Hola —me saludó, regalándome una sonrisa cálida y tímida, pero a su vez, algo sombría.

—Hola —respondí amablemente. 

—Me llamo Isabel. ¿Y tú?
 
—Mónica. 

Ella ensanchó su sonrisa. 

—Bueno, Mónica, ¿te parece bien que seamos amigas desde ahora y para siempre? 

En ese instante no pude negarme debido a la emoción que sentí en aquel momento al poder hacer una amiga nueva. Otra razón fue el hecho de que Isabel ni siquiera me dio tiempo para responder. 

Así pues, todos lo
s días sin falta, aquella niña aparecía en la casa de mi abuela para jugar y pasar el tiempo conmigo. Prácticamente nunca descansábamos, y es que parecía que ella nunca lo haría. Solo parábamos, por parte de ella a regañadientes, al anochecer, cuando me iba a dormir o cuando mi madre pasaba por mí para regresar a casa. 

Sentía que todo iba de maravilla entre las dos hasta que, un día de tormenta, Isabel no aparecía. Decidí comenzar a buscarla, pero aquello no estaba dando frutos. Cuando pasé cerca de la cocina escuché leves sollozos y al mirar hacia atrás, para mi sorpresa, la encontré acurrucada en una esquina, llorando. Isabel tenía las manos y los pies amarrados fuertemente con unas sogas, de tal manera que estás parecían comenzar a sangrar. Asimismo, noté un par de heridas en sus piernas, quizá algunas más profundas que otras. 

Comencé a acercarme de manera sigilosa, pues ella aún no me había visto pero, cuando ya me faltaba muy poco, Isabel comenzó a pegarse a sí misma. 

—¡No me peguen! ¡No me pegues! ¡Paren! —Gritó desesperada. 

Empecé a asustarme y la vista se me nublaba, esto debido a las lágrimas que me comenzaban a brotar. Entonces me desperté, con la respiración agitada y el rostro lleno de lágrimas. Mi tía entró corriendo al cuarto, sobresaltada. 

—Mi niña, ¿qué te pasa?, ¿por qué gritabas? —me preguntó, titubeante, mientras me apretujaba entre sus brazos. 

Yo, por mi parte, no podía dejar de llorar ni de temblar. Ni siquiera me sentía capaz de corresponder el abrazo. Sollocé. Dirigí mi mirada hacia mi tía y lo único que pude balbucear fue: 

—Por favor, haz que pare.
 
 

[…]


Mi madre, al enterarse de lo ocurrido, decidió dejarme unos cuatro días descansando en casa, en los cuales ella se quedó para cuidarme. Si bien por el día me mostraba tranquila, en unas cuantas noches no faltaron las pesadillas a causa de la anterior. 

No obstante, después de esos días, volvía a estar de nuevo en casa de la abuela Agnes, en donde mi amiga se encontraba, al parecer, esperándome. 

—No habías venido en cuatro días —dijo apenas llegué a su lado, con expresión seria. 

—Problemas, pero está todo mejor —musité. Isa relajó un poco su expresión. 

—Entonces, juguemos. 

Con su mano sujetó mi muñeca. No me moví, y ella volvió a estar seria. Esta era la primera vez que teníamos contacto físico. Y ella estaba helada. De igual modo noté marcas en sus muñecas, lo cual trajo a mí de golpe el recuerdo de ella con las manos y pies amarrados, mientras lloraba y gritaba. 

—¿Qué te pasó? —me atreví a preguntarle con voz temblorosa. 

—Estaba jugando, aunque creo que ya sabías la respuesta —miré a verla, sorprendiéndome al encontrar que el color de sus ojos se volvía negro. 

Tiré de mi mano con fuerza para poder liberarme de su agarre. La piel se me puso de gallina. No entendía bien lo que pasaba, pero de pronto el miedo y la inquietud me invadió. 

—No tengo ganas de jugar —le informé. 

—Bien, esperaré hasta que quieras jugar. —Y así es como estuvimos durante bastante tiempo, con ella siguiendo y acechándome en todo momento. 

Algo irritada, le pedí que me dejara al menos un tiempo sola y, para mi sorpresa, se fue. No niego que luego me sintiera mal, pues no sabía si ella se encontraba pasando por algo malo en su casa. Es por eso que, después de bañarme, comencé a buscarla. Fui hasta el patio trasero, en donde se encontraba mi tía atendiendo una llamada. Caminé directo hacia el pasillo. 

—Isa —le llamé —. Isabel, ¿en dónde estás? 

—Mónica, ¿a quién buscas? —preguntó mi tía, quien, al parecer, había terminado de hablar por teléfono. 

—A mi amiga. 

—¿A tu amiga? Bueno... ha de ser su amiga imaginaria —murmuró en voz baja para sí misma esto último. Mas no pude responderle, dado que Isa se encontraba de rodillas entre la gravilla, clavos y cristales rotos, con los ojos vendados y las manos amarradas con alambre. Estas últimas tenían heridas al igual que sus brazos, los cuales sangraban. De repente, apareció detrás de ella quien, al parecer, era su némesis; una figura idéntica a ella, solo que esta se encontraba en perfecto estado. Sin embargo, traía en mano un bate y un cuchillo. 

—¿Mónica? ¡Mónica, responde! ¡¿Qué tienes?! —Escuchaba decir a mi tía de forma alterada, pero su voz se oía lejana. De vuelta, no pude responder. 

De un momento a otro, aquella rara chica comenzó a pegarle con el bate y a acuchillar a Isabel. Ambas comenzaron a gritar descontroladamente. Podía escuchar cada golpe, cada sollozo de mi amiga e incluso la risa de amabas. En eso, pude escuchar como alguien me susurraba al oído:
<<Ya he sido una buena amiga. Así que ten cuidado, Mónica>>. 

—¡Mónica! 

Fue el grito de mi tía Andrea lo último que escuché luego de desplomarme y perder la conciencia. 
 

[…]
 

Pasaron bastantes años y claro que con el tiempo fui creciendo. De igual manera, mi tía y abuela se habían mudado. No obstante, nunca se me olvidaría todo lo que pasó con respecto a ella. Y es que me llevaron con médicos y psicólogos, pero, tal parecía, nadie encontraba los problemas. <<Ella se encuentra con buena salud>>, dijeron los doctores. <<Seguro solamente es algo psicológico debido al divorcio de sus padres>>, exclamaron los psicólogos. 

La única persona que realmente me terminó creyendo fue mi tía Andrea, puesto que al visitar a una de las vecinas que en ese entonces igual era de por ahí, esta le contó acerca de la extraña amiga imaginaria de sus dos hijas. También había mencionado de las terribles y perturbadoras pesadillas que ambas comenzaron a tener sobre aquella chiquilla. 
 

[…]
 

Regresaba de la preparatoria; ya había llegado a mi casa. Una vez en mi cuarto, dejé mi mochila encima de la cama. Al girar y toparme con mi vista en el espejo, noté que en él se encontraba pegado un papel. Decidí acercarme, curiosa, para ver lo que era, pues no recordaba haberlo hecho. 

Al estar más cerca pude comprobar que era una nota. Al terminar de leerla, palidecí. Supe en ese momento quién lo había escrito. Aquel pedazo de hoja decía:










Comentarios

  1. Leí tu historia por curiosidad realmente, pero me encantó la historia, no pude enfocarme tanto en la ortografía porque la escuché por audio, sin embargo, tenía que decirlo amé la historia, lograste formar tensión, la historia me pareció original y utilizaste muy bien los elementos, el miedo y la reacción que puede sentir una niña al vivir eso creo que fue muy realista; lo que sí, me quedé con la duda sobre el misterio que rodea a Isabel, pero eso ya es cosa mía, fuera de eso me encantó

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  2. Me gustó la forma en la que empleas la curiosidad para generar intriga en el lector, la originalidad le da un muy buen toque a la tensión y suspenso generados a lo largo del texto; Podrías mejorar un poco en cuanto a la descripción del misterio de Isabel y en relatar un poco más en las partes suspensivas para darle un poco más de continuidad a la historia; En general me gustó la lectura y la forma de manejar la originalidad para generar esa tensión fue increible, como ya mencioné podría mejorar la descripción del misterio de Isabel y la redacción en cuanto a continuidad, de resto, es una muy buena lectura.

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  3. Me gusto tu historia, me llamo mucho la atención en como empleaste el suspenso y la originalidad, tu ortografía fue muy buena al igual que las palabras que usaste para expresarte, lograste obtener el realismo en la historia al igual que la intriga en el lector.

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  4. Tu lectura está muy bien y creo que ya te lo había dicho que me gustó.
    Todo lo demás está bien solo te recomiendo que subas el volumen de tu voz, ya que tengo mi volumen al 100,pero no sé si sea mi teléfono.
    Sin nada más que decir Cuídate!!
    Atte: Jahir Andree Plata Tabasco
    Grado/Grupo: 1-B

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  5. Muy buena lectura, tuvo el enfasis muy bueno en las palabras que lo requerian , mas sin embarego si tuve un conflicto con el volumen, ya que se dificulto un poco para comprender aunque fuera de eso me gusto mucho :)

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