Below the Surface_María Herrera_1°A
Prólogo
Dos castaños se encontraban hablando en una mesa de una cafetería, estos eran Jorge y Carlos, dos amigos de la preparatoria. Charlaban acerca de un laberinto que fue parte de un circo abandonado a las afueras de la ciudad, decían que este era como un Triángulo de las Bermudas, aquello que entraba nunca salía. Tenían planeado ir con sus demás amigos.
—¿Qué te parece? —preguntó enjundioso el castaño claro, Carlos.
—“No lo sé, creo que es mala idea” —dijo Jorge en lenguaje de señas para después acomodarse sus lentes redondos, este era mudo y aparte de mudo, miope.
—Oh, vamos —rodó los ojos—, será genial, nada es verdad solo iremos a desmentir todo eso, si lo quieres ver así.
Ladeó su cabeza en busca de que el otro lo mirara pues este estaba entretenido viendo a través de la gran ventana de la cafetería. Jorge miró hacia su dirección y se levantó de su asiento abruptamente empezando a saludar emocionado con la mano a alguien detrás de Carlos. El castaño claro miró confuso a su amigo para luego voltear para atrás, encontrando a quienes provocaron esa sonrisa y emoción en Jorge, eran sus demás amigos quienes se estaban acercando a ellos.
—Hola —dijeron al unísono tres chicos, un rubio, un pelinegro con una banda blanca y otro pelinegro con gorro azul oscuro.
—“Hola” —saludó el de lentes, haciéndose un lado para que el rubio se sentara al lado suyo. Los otros dos se sentaron con Carlos.
—Perdonen la tardanza, no querían dejar salir a Alexis —dijo el pelinegro de playera blanca, Nicolás.
—“¿Cómo que no le dejaban salir?” —miró confuso a sus amigos. Tenían 18 años, ya tenían poder en sus propias decisiones.
—Tenía trabajos de la escuela por hacer, así que ya te puedes imaginar algo.
—Ya veo —dijo Carlos.
—No importa, ya estamos aquí, los compadres reunidos —dijo Alexis emocionado golpeando levemente la mesa—. Pero, ¿qué hacemos aquí?
—“Carlos quiere ir a aquel laberinto a las afueras de la ciudad” —dijo rápidamente con señas, denotando nerviosismo.
—Eso mismo estaba pensando —dijo el rubio, Ciel. Jorge miró sorprendido a este—. ¿Qué? Es que suena buena idea, un rato lleno de sustos.
—¿Qué hay del caso del niño Tobías de L’manberg? El niño que se adentró al laberinto y nunca más se supo de él.
—Eran mentiras, ese niño sigue vivo y ni siquiera se sabe si de verdad entró —dijo con desinterés Nicolás.
—Listo, nada de qué preocuparse. Iremos a ese lugar y saldremos con vida.
Jorge tenía un mal presentimiento de que, dentro de 3 días, todo se iría por el caño.
[…]
Un día antes de la gran aventura, los amigos se reunieron en casa de Ciel para acordar lo que deberían llevar, víveres, mantas para dormir por si les caía la noche, linternas y baterías. Lo esencial en caso de emergencia.
—Bien, Jorge, tú llevarás las pilas y batería portátil. Ciel, tú vas a llevar las mantas. Carlos, tú el agua y comida, con comida me refiero a papas, galletas, eso. Y tú Alexis, vas a llevar agua, un montón para que no nos estemos muriendo de deshidratación, yo llevaré mi presencia y linternas.
—“Ni siquiera he dicho que voy a ir” —Jorge miraba molesto a Nicolás, no quería ir y no podían obligarlo.
—Jorge, ya hablamos sobre esto, solo será un día, iremos y le presumiremos a los chicos de L’manberg que sobrevivimos al Laberinto —dijo Carlos, tenía tantas ganas de presumirle a los locos de L’manberg su exitosa cruzada.
George pasaba su mirada a sus amigos, sentía aquella presión de tener que ir.
—“Solo un día” —bajó la mirada en forma de derrota, ya se empezaba a arrepentir.
—¡Sí! —gritaron triunfantes los demás, Ciel lo abrazó.
—Vas a ver que nos vamos a divertir —dijo el rubio.
—“Eso espero”.
La noche pasó más lento de lo común pues casi todos estaban demasiado ansiosos o tranquilos, y luego estaba Jorge, aquel presentimiento no le permitía ni respirar correctamente. Alexis era el más tranquilo de todos pues casi nada le importaba, todo lo dejaba en las manos de la “Virgencita”, cómo él decía. El cielo pasó de estar completamente oscuro a tornarse de tonos purpuras, el cielo era hermoso, muy hermoso para ser la última. Pasaron de casa en casa por sus amigos, cada quién en una bicicleta, menos Carlos y Nicolás, ellos compartían una. Casi todos estaban preparados para pasar una noche, pero solamente para una, no para tantas...
- Capítulo 1 -
Llegaron a aquel laberinto, el gran día había llegado y presentían que lo sería gracias a aquel cielo hermoso que los acompañaba. Todos dejaron sus bicicletas a un lado, encadenándolas, no querían que se las robasen mientras ellos se encontraran dentro del laberinto.
—¿Listos para pasar 24 horas en este lugar? —preguntó el rubio con una sonrisa ladina.
—¡Sí! —respondieron casi todos.
—“No” —respondió Jorge.
—Tú silencio dice todo, Jorge —sonrió con sorna el pelinegro con gorro azul. Jorge se le quedó mirando demasiado serio, Alexis lo sacaba de sus casillas, para qué tener enemigos si tienes amigos así.
—Bueno, entremos de una vez que el tiempo es oro.
Los cinco chicos se adentraron a la carpa de circo, estaba bastante desgastada tanto que la luz del sol pasaba por los orificios que se habían formado en esta a causa del sol, agua, entre otros factores. Bajaron por las escaleras que conducían a la planta baja donde se encontraban otras secciones de juegos, entre ellos estando el laberinto. Estaba demasiado oscuro, encontraron los switchs que encendían las luces.
El lugar se había puesto de colores neones, resaltando más los verdes y azules neón, se veía mejor, aunque seguía dando esa vibra tan tétrica por las luces tintineantes a causa del tiempo. El grupo seguía aquellos letreros que les indicaba cómo llegar a la zona del laberinto. Unos minutos después llegaron a la zona.
Escucharon el revoloteo de unas alas detrás de ellos, pero al voltearse no encontraron nada, se miraron entre sí confundidos, más no le dieron importancia, menos uno, Jorge, este se quedó mirando detrás suyo en espera de algo logrando su cometido, vio como en uno de los pasillos que dirigía a la zona de los inflables había un ser pequeño como un colibrí que transmitía luz, portaba alas doradas que de igual manera emitía luz, pasaba por aquel pasillo. Este se quedó extrañado, pero los demás no le dieron tiempo de analizar la situación pues lo habían tomado de la muñeca, incitándole a seguir caminando. Si bien ese suceso le extrañó no quiso seguirle dando tanta importancia, no quería parecer que se traumase con cualquier cosa que puede que al final resultase ser otra.
—Bien, llegamos. Tomen ese mapa por si acaso —dijo Nicolás apuntando al mapa que se encontraba medio pegado a la pared. Alexis fue quien lo tomó y lo metió dentro de su mochila—. Tomen, una linterna para cada quien, no utilicen sus celulares pues nos pueden servir al rato.
Prendieron sus linternas y se adentraron al laberinto, las luces rojas de este fallaban, como todas las del establecimiento. No importaba, lo único que buscaban era salir y demostrar que nada raro sucedía ahí. Daban vueltas incorrectas llegando a pasillos sin salida, todo eran risas hasta ese momento, momento en el cual volvieron a escuchar aquella sonatación. Voltearon hacia donde provenía aquel sonido y se toparon con el mismo ser blanco que había visto Jorge, este estaba a unos pocos metros de donde se encontraban ellos.
—¿Qué demonios es eso? —preguntó susurrando Alexis.
—Estamos igual que tú —respondió de igual forma Carlos.
El ser era como un muñeco blanco que irradiaba luz, no tenía extremidades, portaba una línea curveada como sonrisa al igual que una x larga que parecía ser su ojo, al igual que llevaba puesta una capa con capucha verde oscuro con bordes dorados, y sus pequeñas alas doradas. El pequeño ser se acercó a Jorge, el reflejo de sus lentes le había llamado la atención. Jugó con este unos segundos mientras los demás estaban expectantes, más Jorge que no sabía cómo reaccionar. El de capa verde siguió observando a cada uno de los amigos, pero se quedó más distraído con Alexis. La criatura empezó a hacer ruidos como si estuviera hablando al revés. Todos estaban confundidos, no entendían de qué hablaba el pequeño ser.
—¿Qué rayos se supone que se hace en estos casos? —preguntó en susurro el pelinegro con gorro al de lentes quien se encontraba a un lado detrás de él.
—“No sé” —respondió Jorge mientras era observado por Alexis, al hacer aquellos movimientos con las manos, llamó la atención del ser—“. Me lleva”.
—¡Deja de comunicarte! —susurró fuerte Ciel.
—“¡Es la única forma que tengo de comunicarme!” —le dijo Jorge mientras lo miraba con ojos amenazantes, creo que era obvio todo eso.
El ser ladeo su cabeza, parecía expectante a la pequeña discusión de aquellos dos. El de lentes lo saludó, ni siquiera sabía porque había hecho tal cosa. El de alas parecía haberle entendido pues empezó a revolotear más sus alas, parecía alegre.
—“¿Cuál es tu nombre, pequeño?”
—Jorge, no le hables, ¿qué tal si lo que quieres decir se mal interpreta? —Nicolás se acercó a Jorge agarrando sus muñecas para impedirle que le siguiera hablando, el pequeño lo miró, aunque no tuviera ojos, aquella x provocaba miedo, sentías como si te mirara hasta el alma, como si supiera todos y cada uno de tus secretos, temores, miedos y fobias. Nicolás apartó sus manos del castaño pues sintió como si este lo quemara.
—¿Qué diablos? Creo que esa cosa tiene tendencias posesivas porque me acaba de quemar por tocar a Jorge —el pelinegro con banda estaba sorprendido, pero al mismo tiempo confundido.
—Jorge, síguele hablando, quizá sí te esté entendiendo —dijo Carlos.
—“Hola, pequeño, ¿me puedes entender entiendes?” —Jorge se acercó un poco más a este, el ser ni se inmutó, no parecía ser un ser temeroso.
—[Claro que sí, ¿quién crees que soy?] —le contestó el ser, su boca no se movía, parecía que lo hablaba, pero de alguna forma u otra lo hacía, Jorge se exaltó, más los demás no parecían sorprendidos.
—“¿Escucharon eso? Habló” —les comentó a los demás con una cara de sorpresa. Los demás lo miraron con confusión. El ser emitió un sonido como de un rugido distorsionado, llamando la atención de todos.
—[Ellos no me pueden escuchar, al menos no ahora, solo me estoy dirigiendo a ti].
—“Ya veo.”
—¿Qué te dijo, Jorge? —preguntó el rubio posando su mano en el hombro de este.
—[Diles que si yo fuera ellos no te tocaría].
—“¿Por qué?” —miró confuso al pequeño ser.
—[Los otros Dreamon’s observan, te tienen a ti en la mira y llegan a ser posesivos, como tus chicos dicen].
Antes de que el castaño claro pudiera contestar, un rugido demasiado fuerte resonó por los pasillos. A lo lejos de uno de ellos se dejó ver a una criatura bastante enorme, lo suficiente para topar con el techo, que este tenía 5 metros de altura. No parecía tener ojos, solamente una pequeña boca.
—¿Qué demonios es eso? —dijo Carlos, la criatura volteo hacia su dirección.
—[No hablen, esa cosa es ciega, pero tiene un grandioso oído] —el Dreamon paró el revoloteo de sus alas, pero aun así se mantenía en el aire, no parecían ser necesarias sus alas para volar. Los demás escucharon el habla del Dreamon, estaban sorprendidos.
—“Jorge tenía razón, esa cosa habla” —dijo Alexis en lenguaje de señas.
—[¿Todos hablan ese lenguaje extraño donde utilizan las manos?] —el ser seguía mirando al monstruo de 5 metros que estaba algo lejos de ellos, pero eso no impedía que los escuchase.
—“Se llama lenguaje de señas, y no sé cómo lo entiendes si ni siquiera sabes qué es” —Jorge miró confuso al Dreamon.
—[Puedo entender todos y cada uno de los lenguajes habidos y por haber en este y en todos los demás universos. Váyanse por ese pasillo, mandaré a los demás Dreamons a que distraigan a esa cosa para que ustedes puedan salir de aquí, este lugar será una pesadilla dentro de poco tiempo] —dijo el ser de luz a Jorge, este lo comunicó a sus amigos—[. Piensen bien sus siguientes jugadas, pues tal vez ya no haya marcha atrás para ustedes].
—“¿Por qué lo dic-” —un rugido distorsionado interrumpió a Jorge, este rugido fue emitido por el mismo Dreamon que los acompañaba, a eso se le consideraba traición. La gigante criatura volteo hacia su dirección y empezó a correr con demasiada rapidez, los chicos no tenían de otra más que correr por sus vidas. Por los pasillos del laberinto empezaron a aparecer puertas, demasiadas puertas, el grupo de jóvenes no entendía el porqué de las puertas en aquel laberinto.
El monstruo ya les pisaba los talones, parecía tener a uno en la mira, al rubio. Daban vueltas y vueltas por los pasillos, intentando deshacerse del monstruo. Los chicos estaban desesperados, no sabían qué hacer para detener a aquella criatura, ni siquiera tenían idea de adónde ir.
—¡Sigan corriendo, no importa que les duelan sus piernas! —Nicolás gritó.
Carlos tenía agarrado de la mano a Alexis pues este ya casi no les podía seguir el paso, el chico tropezó con su propio pie haciendo caer a ambos.
La criatura se colocó encima de los chicos, aspirando aire con su diminuta boca, una especie de olfateo, pero con la boca. Los chicos estaban aterrados, se quejaban de dolor por todo el peso que era recargado en ellos pues la criatura de cuatro patas, sus extremidades fronteras eran más largas que las traseras, demasiado delgado, parecía que con cualquier golpe podrías quebrarle alguna parte de su cuerpo, a pesar de su delgadez sus manos eran bastante grandes, del tamaño de la cabeza de aquellos chicos. Carlos y Alexis se empezaban a quedar sin aire mientras el bicho simplemente seguía aspirando a los dos chicos. Buscaba algo en específico. Paró cuando llegó a los ojos de Carlos.
Los demás chicos estaban helados en su sitio, el primero en reaccionar fue Nicolás este se quitó la mochila y se la aventó a la cara a aquella criatura, lo volteó a ver y soltó un corto rugido para luego abrir más su boca dejando ver una larga que llegaba de lado a lado, parecía cortada de lado a lado, dejó en paz a los dos pobre chicos que estaban a nada de morir asfixiados, tomaron bastante aire al momento de ser soltados. La criatura golpeó el suelo con sus patas delanteras y rugió de nuevo en dirección al pelinegro que le aventó aquella mochila. Dentro de una puerta que tenían a un lado se empezaron a escuchar golpes, segundos después esta fue rota por unas criaturas igual de ciegas, eran exactamente a esa criatura grande, con la diferencia de que eran más pequeñas, menos de medio metro.
La criatura empezó a caminar para luego correr hacia Nicolás, este empezó a correr.
—¡Llévate de aquí a Carlos y a Alexis! —gritó el pelinegro mientras guiaba al monstruo ciego por otro pasillo para que no se distrajera con los demás, mientras que una parte de las criaturas estaban atentas a cualquier sonido, otras acompañaban al monstruo más grande. En verdad Nicolás estaba loco.
Ciel le hizo un ademán con la mano a Jorge dándole a entender que lo siguiera de manera cuidadosa, los chicos intentaban que sus pasos no lo percibieran aquellas criaturas, poco a poco se fueron acercando a los otros dos chicos, los ayudaron a levantarse, siempre siendo cuidadosos, no como Nicolás que se fue él sólo con una criatura de 5 metros acompañada de varias criaturitas igual de ciegas que la grande. En parte su ceguera les daba algo de ventaja, pero su súper oído les quitaba aquella ventaja que llevaban. Los chicos empezaron a irse con cuidado, pero Carlos por el dolor que sentía por haber sido magullado por aquel monstruo, se quejó, alertando a las criaturas más pequeñas que fueron corriendo a la hacia su dirección. Los chicos empezaron a correr como podían, siendo ayudados por Ciel y Jorge. Después de un rato, ambos chicos los soltaros pues los otros les dieron a entender que ya podían solos, se dividieron en ese entonces, el rubio con el de lentes y el castaño con el pelinegro, corrían hasta el punto que sus piernas agonizaban de dolor.
—¡Ah! —gritó Alexis asustado quien una de las criaturas había brincado y logrado caer encima de él, forcejeaba para quitárselo de encima, de su mochila toda maltratada, sacó un espejo, ¿para qué había llevado un espejo ahí?
Carlos no pudo quedarse a ayudarlo, las demás criaturas lo seguían muy de cerca y con todo el remordimiento del mundo, se fue corriendo.
—¡Alexis, ahora regreso por ti!
El pelinegro empezó a golpear al monstruo con el espejo, de repente el cristal del espejo brilló, alumbrando de una gran manera aquellos pasillos obscuros donde la única fuente de luz eran aquellos focos rojos que titilaban. La criatura fue absorbida por el espejo, atrapándola dentro de este.
Alexis se sorprendió, pero no tenía tiempo para eso, debía encontrar a los demás, vio pasar a Nicolás por uno de los pasillos, la criatura ya casi no le posaba los talones, fue directo a él.
—¡Pensé que habías muerto! —le gritó Nicolás, tomándolo de la mano para que estuviera a su paso. Daban vueltas y vueltas en aquel laberinto. En el proceso se encontraron a Jorge y Ciel, de Carlos aun no sabían nada.
—Toma, Jorge, puede que te sirva de alguna forma —Alexis le entregó aquel espejo con el animal dentro y dio una vuelta por un pasillo, separándose del grupo. El siguiente en dejarlos fue Nicolás, que también dio vuelta en otro pasillo. Los estaban abandonando.
—No importa, Jorge, sigue corriendo —le dijo el rubio mientras seguían corriendo. Un rugido distorsionado resonó cerca de aquel pasillo, el animal parecía atraído por aquel sonido, distrayéndose por un momento de ambos chicos. Esto le dio tiempo a Ciel para hablar con Jorge.
—Jorge, corre y no mires atrás, distraeré al monstruo para que tengas tiempo de correr, te buscaré, en serio que lo haré, confía en mí —susurró Ciel para luego toma por los hombros a Jorge. Este solo negó con la cabeza, no dejaría a Ciel sólo con aquella endemoniada monstruosidad—. No es pregunta, eso es lo que harás.
—“No te dejaré” —Jorge lo miró con lástima, no tenía el corazón para hacerlo.
—“Ya te dije que no te estoy preguntando, ve, iré por ti” —contestó en lenguaje de señas de igual forma. Jorge no lo admitiría, menos en la situación en la que se encontraban, pero le alegró saber que Ciel hablaba lenguaje de señas. El chico se alejó y llamó a aquella monstruosidad, no quería arriesgarse a que ambos corrieran y en vez de seguirlo a él, siguiera al castaño.
Aquella cosa ciega volteó hacia su dirección y lentamente se fue acercando, las otras criaturitas habían ido hacia donde suponían provenía aquel rugido se había escuchado poco tiempo atrás.
Mientras se alejaba poco a poco notó como el castaño se quedaba en su sitio, quieto.
—¡Jorge, corre y no mires atrás! ¡Iré por ti, lo juro! —el rubio lo miró con terror, se quedó parado ahí, “¿qué diablos espera?” pensó, no tenía mucho tiempo para que el monstruo llegara a él, a pesar de estar lejos en cualquier momento empezaría a correr—. ¡Ahora, Jorge! ¡Corre!
Jorge negó levemente con la cabeza, una parte de él decía que no abandonara a su suerte al rubio, pero su cuerpo no hacía caso a su sentir, le temblaban las piernas una forma de decirle que debía escapar de ahí, apretaba con algo de fuerza aquel espejo que Alexis le había dado. Al salir de su trace, sus piernas volvieron a funcionar, se fue corriendo con lágrimas en los ojos, no quería abandonarlo como los demás lo hicieron, y no es que ellos los quisieran abandonar simplemente tenían qué. Sus vidas estaban en juego.
—Iré por todos ustedes dónde sea que estén —susurró el rubio para sí mismo mientras corría, huyendo de aquella monstruosidad de dos metros que los llevaba persiguiendo desde hace un buen rato. El rubio corrió por un largo tiempo, desde hace un buen rato había perdido la noción del tiempo. El monstruo ya no le seguía, pero bien sabía que no era opción confiarse de aquel lugar para resguardarse un rato. Con desconfianza, se adentró en una de las tantas puertas que había en ese lugar. Estaba oscuro, pero la linterna le ayudaba bastante, aunque estaba a nada de morir pues empezaba a fallar. Pasó la linterna por todo el cuarto, encontrándose con aquel Dreamon que unas horas antes los había traicionado.
—¿Qué demonios quieres? —preguntó con molestia el rubio.
El Dreamon ignoró la pregunta del humano y exploró un poco el cuarto buscando algo en específico, lo encontró, era una cajita de cartón, era pequeña, ni siquiera tenía algo dentro, su ojo y boca dorada brilló. Le entregó la cajita a Ciel.
—¿Pilas?
—[La luz de tu linterna se está extinguiendo, debes ponerle una fuente de energía nueva] —dijo el Dreamon, no se había percatado bien del todo, pero la voz de aquel ser estaba igual de distorsionada.
—Eso ya lo sé —cambió las pilas de la linterna, ahora la era un poco más fuerte.
—[Me alegro, ahora, te daré un botiquín de primeros auxilios, pero a cambio quiero algo].
—¿Y yo para qué rayos quiero un botiquín de primeros auxilios? —Ciel estaba muy a la defensiva.
—[En primera, no tienes que desconfiar de mí, no soy una gran amenaza, y en segunda, te será de ayuda en cualquier momento] —el ser daba vueltas y vuelta a la habitación, parecía su fuente de diversión.
—Si tú lo dices, ¿qué quieres para que me des el botiquín? —se cruzó de brazos.
—[Quiero los cristales circulares que traía puestos tu pequeño amigo].
—¿Los lentes de Jorge? —dejó de cruzar sus brazos, miró confuso al ser de luz. Este solo seguía dando vueltas—. ¿Para qué te servirán?
—[Simple, me parecieron curiosos] —el rubio estaba extrañado.
—No los tengo y aunque los tuviera no te los daría, le sirven más a él que a ti.
—[Entonces dame algo que sea preciado para ti].
El rubio simplemente se rio.
—No se puede, no es un objeto.
—[Ya veo].
El Dreamon detuvo su vuelo, volteó a ver al humano. Su cara decía todo.
—[Bien, solo por esta ocasión te dejaré esto fácil] —los ojos del Dreamon brillaron de nuevo, hubo un destello de luz y de la nada apreció un botiquín de primeros auxilios—[. Vete, cuando escuches un ruido dentro de una de las puertas, entra].
Y el Dreamon desapareció, dejando a un rubio algo confuso, miró el botiquín rojo con una cruz blanca y rio dentro de su confusión, dio la vuelta para salir de aquel cuarto, asomó su cabeza para checar si no había alguna amenaza cerca y en efecto, no había, salió con tranquilidad, paseó un poco por los pasillos en busca de algún indicio de sus amigos, pero nada.
En una de las tantas puertas se escuchó un ruido y ahí se abrió su debate interno, hacerle caso al Dreamon y entrar o seguir de largo y seguir buscando, le tomó varios segundos esa decisión y al final entró, “¿qué demonios hiciste? ¿por qué entras? Voy a morir aquí” pensó, tenía la esperanza de encontrar a sus amigos ahí dentro, por lo que se tenía que arriesgar a entrar al cuarto donde provenía aquel ruido, cerró la puerta detrás de sí, no quería que lo sorprendiera algo, pero era algo contradictorio pues estaba encerrado en un cuarto inexplorado por él. El cuarto estaba completamente oscuro por lo que encendió su linterna, pasó la luz de la linterna por todo el cuarto en busca de aquella cosa que provocara el ruido. Una cabeza se asomó por unas cajas que se encontraban arrinconadas. El rubio se asustó, pero al ver de quien se trataba corrió a abrazarlo como si no hubiera mañana, y es que en parte era cierto, su futuro era demasiado incierto. El chico que se asomó era el castaño de lentes redondos.
—¡Jorge! —chilló de alegría el rubio, fue corriendo a abrazarlo, ambos chicos cayeron de rodillas—. Santo cielo, estás bien, estás-estás aquí —le temblaba demasiado la voz y las lágrimas amenazaban con salir.
Por fin estaba sucediendo algo bueno, separó del abrazo al castaño y lo tomó por los hombros mientras el otro simplemente lo contemplaba en silencio, esto no significaba que no extrañara al castaño, es más, estaba más que feliz de ver que estaba bien y que ahora estaba con él, la sorpresa no le dejaba
—¿Estuviste todo este tiempo aquí? ¿Viste a los demás?
—“Baja la voz, puede que te escuche” —dijo en señas—“. Me pareció ver a los demás por ahí, pero todos estábamos siendo perseguidos por esa maldita cosa y no pude ni siquiera llamarles la atención” —bajó la mirada con cierto remordimiento y tristeza.
—Me lleva, espero que estén bien, por mientras chequemos si hay algo que nos pueda ser de ayuda —susurró.
El rubio se paró y tomó la mano del castaño para ayudarlo a pararse. Recorrieron el cuarto en busca de algo que les ayudara. Encontraron un tubo de metal, podría servirles para defenderse, al igual que encontraron barras energéticas. ¿Qué demonios hacía eso en un lugar como ése? Mientras el rubio buscaba en las demás cajas, encontró una puerta y estando a nada de abrirla el castaño lo jaló de la ropa.
—“No abras esa puerta” —lo miró con severidad.
—¿Por qué? —dijo el rubio confuso, pero tenía curiosidad de ver que habría detrás de aquella puerta.
—“¿Recuerdas a la criatura atrapada en el espejo que tenía Alex?”
—Sí.
—“Bueno, cuando llegué a esta habitación había algo como un zombi, lo golpeé con el espejo, por un momento me libré del zombi, pero luego la criatura del espejo salió y empezó a comerse al zombi” —hizo una pausa, esperando a que los ruidos provenientes del cuartito cesaran—“. Agarré la cabeza que salió volando durante el golpe y abrí la puerta, lo tiré ahí, el sonido llamó la atención del monstruo, ahí me di cuenta que es ciego, fue hacia la cabeza y siguió devorando, agarré el cuerpo y lo metí con los demás ahí dentro. Así que ni se te ocurra abrir la puerta” —terminó de relatar. Y fue directo a la puerta por la que entró Ciel.
—Vaya, no pensé que fueras así de rudo —dijo en broma.
—“Quisiera poder reírme de ese comentario, pero por varias razones no lo haré” —lo miró sin expresión alguna.
De un momento a otro la puerta pequeña se abrió dejando ver a la criatura, quizá era pequeña y ciega, pero eso no la dejaba de hacer aterradora. El rubio soltó un suspiro de sorpresa, alertando al animal ciego. Este fue directo al de playera verde, saltando encima de él.
—¡Jorge, ayúdame! —gritó desesperado intentando empujar al animal, pero este se había aferrado a sus brazos, clavando sus garras en su piel, provocando que el rubio se quejase de dolor.
Jorge agarró el tubo que habían dejado al lado de la puerta, fue corriendo hacia donde estaba el rubio y golpeó con fuerza al animal, mandándolo al otro lado del cuarto dándoles tiempo de huir. El castaño agarró la mano del rubio y abrió la puerta tan rápido como se le era permitido y corrieron a través de aquellos pasillos con luces titilantes rojas. Giraban para todos lados intentando perder de vista al animal. En una de esas vueltas dejaron de ver al monstruo, pero eso no les importó y siguieron corriendo. Pasaron por cientos de puertas, pero una de esas les causó algo de curiosidad pues se dentro de ella se escuchaba el sonido de un arma siendo disparada. Se acercaron a la puerta, pero una bala salió disparada rosando la mejilla del castaño. Quería gritar de dolor, cayó al suelo de rodillas, apretando la herida con ambas manos. El otro solo atinó a irlo a ayudar, tomó su mochila y empezó a buscar el botiquín de emergencias que le concedió aquel ser blanco con sonrisa. Lo encontró y antes de ponerle un curita, la puerta fue abierta abruptamente dejando ver a un castaño claro que apuntaba al de lentes con una pistola. Pero lo dejó de hacer al ver de quienes se trataba.
—¡Jorge, Ciel! Santo cielo, lo lamento tanto, Jorge, no quise herirte, pero vi una sombra debajo de la puerta y pensé que la endemoniada cosa había escuchado los disparos —dijo con arrepentimiento en sus palabras
–Me lleva la que me trajo contigo, Carlos.
—“No importa, está bien no peleen, estoy bien, no me duele mucho” —posó su mano en el hombro del rubio intentando relajar aquel ambiente tan tenso—“. Mejor ayúdenme a levantarme”.
El rubio le ayudó a levantarse y le puso el curita en la mejilla. Acarició su mejilla por encima del curita y miró al castaño claro. Estaba molesto con él por herir a Jorge, pero sabía que no tenían tiempo para eso estando en un lugar así.
—¿En ese cuarto encontraste algo que sea de ayuda? —Ciel abrió la puerta, encontrándose con una masacre, había manchas de lo que podía suponer era sangre de algunas criaturas, estaba pringada por todas partes. Vio muchos cuerpos de lo que parecía ser más de esos bichos ciegos, todos estaban desfigurados por los orificios de las balas.
—Comida.
—Estoy agradecido contigo en eso, pero al mismo tiempo estoy molesto contigo por herirlo —haciendo referencia a Jorge. Cerró la puerta.
—El que debería estar molesto es Jorge no tú —posó su mano en su cadera, agarrando con fuerza la pistola. Pensaba que era algo estúpido que estuviera molesto con él pues nunca fue su intención lastimarlo.
—“Oigan, ya basta, no es momento para esto, sigamos avanzando hasta encontrar algo o a alguien” —el castaño oscuro agarró la mano del rubio y empezó a avanzar. Paró en una esquina, ¿adónde rayos se supone que deben ir? Era un condenado laberinto, no tenían indicios, ni coordenadas, no tenían nada que los ayudara a salir de ahí, ni siquiera para encontrar a sus amigos. Tocó el hombro de Carlos para llamarle la atención—“. ¿Tienes idea de dónde están los demás?”
Carlos se tensó, recuerda haber visto a Alexis correr por los pasillos, intentó seguirlo sin ser descubierto por las criaturas ciegas que perseguían al pelinegro. Quiso hacer algo para ayudarlo, así que llamó la atención de las cosas con un grito, al mismo tiempo llamando la atención de Alexis quien gritó el nombre del castaño claro. Carlos al ganar la atención de los ciegos corrió a más no poder, siendo acorralado dentro de aquel cuarto donde lo encontraron. Ahí dentro encontró una Revólver cargada y con más balar para recargar. Y como pudo se defendió, saliendo casi ileso de ahí.
—Intenté proteger a Alexis llevándome a los Ciegos lejos de él.
—“¿Los Ciegos?” —Jorge preguntó con confusión a Carlos.
—Las criaturas que estaba dentro del cuarto.
—Son los mismos bichos como el que te topaste —Ciel pensó un rato, atando algunos cabos—. Se me acaba de prender el foco.
Sonrió triunfante, su teoría tenía mucho sentido.
—“¿Qué sucede?” —preguntó Jorge.
—Mencionaste que Alexis tenía una de esas cosas atrapada en un espejo, ¿no? ¿Y si esa será la clave del para detener a esas cosas?
—Tienes razón, ¿pero ¿qué tan probable es que encontremos un espejo en todas estas puertas? —preguntó Carlos mientras avanzaba buscando puertas y asegurándose de que ningún bicho los estuviera siguiendo.
—“No importa, ni siquiera sabemos cómo salir de aquí, tenemos todo el tiempo del mundo” —Jorge se notaba muy triste, no lo mencionaba, pero sus expresiones siempre lo iban a delatar, sentía tanta desesperación, estaba ansioso de salir de ahí con vida junto a todos sus amigos y que ese episodio de su vida se quedara como un siempre recuerdo. Era un pozo sin fin ese lugar, mientras más se aventuraban, menos tenían posibilidad de salir.
—Ajá y, ¿adónde vamos?
—Cuando me topé con el Dreamon, me dijo que cuando escuchara un ruido dentro de alguna de las puertas, que debía entrar, así encontré a Jorge y, técnicamente, así te encontramos.
—En conclusión, sigamos avanzando hasta que escuchemos otro ruido —Carlos emprendió su viaje, seguido de los otros dos chicos que iban detrás de él cuidando sus espaldas.
Mientras avanzaban, las puertas cambiaban de color, pasaban de tener colores oscuros como el café y el negro, a tener colores llamativos como el azul y el verde. Daban cierta vibra infantil, pero al mismo tiempo uno más sombrío. Mientras más avanzaban sentían que el ambiente se ponía cada vez más denso, era una locura ese lugar, pero ese sentimiento se dispersó pues de nueva cuenta un rato después, volvieron a respirar de manera correcta, se preguntaban qué había sido eso. Y de nuevo un rugido se escuchó en el laberinto. Este rugir era más agudo, sonaba agonizante, percibías dolor en el rugir, los chicos no lo pensaron dos veces y se metieron en una de las puertas, esperarían a que cualquier cosa que haya sido esa, se fuera por donde vino, no estaban muy bien para seguir luchando o por lo menos, correr y mucho menos querían averiguar qué había sido eso
—“Miren, más armas” —Jorge apuntó hacia la esquina donde se encontraban las armas. Ciel le pasó su linterna a este y fue por las armas. Las revisó y notó que no tenían balas.
—Pero no tienen balas —hizo una mueca de disgusto.
—Esta se quedó sin balas desde hace un tiempo y mira —disparó hacia el techo, parecía no ser necesarias las balas.
—“Este lugar es demasiado raro”.
—“¿Te acabas de dar cuenta?” —le dijo Carlos con lenguaje de señas.
Empezaron a escuchar pisadas afuera del cuarto. En parte estaban asustados, pero cabía la posibilidad de que fueran sus amigos. Idearon un plan súper rápido para que aquello que estuviera afuera no se les escapara. Carlos abrió la puerta mientras estaban Jorge y Ciel apuntando afuera de esta, preparados para cualquier cosa. Nicolás soltó un grito asustado y ese gritó asustó a Jorge quien disparó por accidente, Alexis esquivó la bala de pura suerte.
—¡¿Qué demonios, Jorge?! —Alexis miró aterrorizado a Jorge. Este empezó a hacer señas demasiado rápido como para que ellos pudieran traducirlo—. Ya, ya, está bien, cálmate miope, te perdono.
El pelinegro con gorro lo tomó de los brazos y lo sacudió levemente, Carlos salió detrás de la puerta. El grupo ya estaba unido de nuevo.
—¿Dónde habían estado? —Carlos los abrazó con fuerza, en verdad extrañaba a esos dos.
—Nos topamos con la criaturita que nos traicionó, nos pidió algo a cambio de comida. Me pidió algo preciado y le di mi banda. En fin, ya no lloraré por ello.
—Entremos al cuarto, descansaremos y si podemos, dormiremos, pero primero comeremos juntos y en paz.
Y así fue, por fin habían tenido un momento de paz, estaban juntos, disfrutando de su comida que no era ni más ni menos que papas, cualquier cosa era bienvenida. Después de la comida quedaron en el acuerdo por turnos, hacer guardia, cuidando a aquellos que dormían o lo intentaban. El primero en hacer guardia fue Ciel, este era acompañado de Jorge que no podía dormir.
—“¿Crees que saldremos de aquí?” —preguntó Jorge.
—Lo haremos, no podemos tener tanta mala suerte como para quedarnos aquí atrapados.
—“Eso espero” —revisó por enésima vez su celular, estaba muerto ya no encendía y dudaba que fuera por la pila pues en todo este tiempo nunca lo utilizó. El tiempo transcurrió normal, no hubo nada de qué preocuparse, la guardia la siguió Nicolás, luego Carlos, luego Alexis y de último Jorge. Todos se sentían bien, con más energías.
Salieron en busca de más ruidos dentro de las puertas, muchas veces encontraron más comida, ropa, armas, espejos y más botequines, aunque ya no eran muy necesarios pues solamente se topaban de vez en cuando con “Los Ciegos” más nunca con el más grande. Ya sabían cómo manejar la situación.
Entraron en otra puerta donde de nueva cuenta, escucharon otro ruido. Lo primero que podíamos destacar era que este era demasiado diferente a todas las demás, era blanca y tenía luz, las demás eran oscuras y de colores igual de oscuros. Dentro del cuarto se encontraba el ya bien conocido Dreamon.
—[Ya quieren salir, ¿no es así?] —su voz distorsionada resonó en la cabeza de Jorge.
—“Sí, ¿tenemos la posibilidad? ¿no puedes ayudar?” —le respondió con señas.
—[Pero a cambio quiero algo] —esta vez la voz la escucharon todos.
—Era de esperarse —dijo suspirando Ciel.
—[Lo de siempre, algo preciado para ustedes].
—Te dije, lo mío no está para ofrecerse —Ciel fulminó con la mirada al ser sonriente.
—[Eso no está en discusión].
El Dreamon se acercó a Ciel de manera amenazante.
—Toma, es una foto de todos nosotros juntos cuando estábamos en secundaria, es un recuerdo muy bonito —Nicolás le extendió aquella foto impresa que llevaba consigo siempre, la miró por última vez con nostalgia.
—Toma mi gorro, creo que, en físico, esta es una de las cosas más preciadas para mí, pues fue un regalo de parte de estos niños para mi cumpleaños número 14 —todos miraron con cierta lástima y ternura a Alexis, casi nunca decía cosas bonitas sobre ellos.
—Mi collar que Nico y Alex me regalaron, siempre lo llevé puesto —se lo quitó y se lo extendió al Dreamon.
—[¿Qué hay de ti?] —el Dreamon hizo flotar la foto, el gorro y el collar. Se acercó a Jorge. Este estaba algo temeroso, lo único preciado en su vida eran sus amigos, no iba a entregar a sus amigos.
—“No es mucho, pero es una carta llena de poesía que siempre traigo, hace tiempo la recibí, pero no tiene nombre” —Ciel miró fijamente y con sorpresa aquella carta, él era el autor de aquella carta. Entregó la carta y al igual que lo demás, empezó a flotar.
—[Bien, ahora tú] —regresó con Ciel.
—Hagamos esto, sueltas a mis amigos y yo me quedo aquí.
—“¿Qué? Claro que no, nos iremos todos juntos de alguna forma u otra” —todos estaban de acuerdo con eso.
—Vamos, chicos, no podremos salir de esta así nada más, esto tiene truco.
—[Él tiene razón, uno de ustedes se quedará aquí] —una risa distorsionada se hizo presente.
—Eres un maldito...
—[Me gusta jugar con mis huéspedes].
—“Me quedaré yo” —Jorge miró con seriedad al Dreamon, estaba decidido. El Dreamon creó una puerta de madera, la abrió, dejando ver aquella cafetería donde se habían reunido.
—Chicos, espero puedan perdonarme, pero si seguimos así nunca saldremos de aquí.
Ciel empujó a sus amigos dentro de aquella puerta, pero Carlos se había aferrado al marco.
—Vamos Carlos, no la tendremos fácil. Nos volveremos a encontrar en algún momento, te lo prometo.
Carlos lo miró con lástima, no quería dejarlo de nuevo, aunque sentía que tenía razón, en algún momento se volverían a encontrar, tal y como lo hicieron tiempo atrás. Jorge miró por última vez a Ciel, algún día volvería por él, Ciel se despidió de la mano, tenía una mirada muy triste. Los cuatro chicos pasaron por la puerta.
[...]
Carlos terminó de contarle su sueño al psicólogo, era la cuarta vez a la semana que había soñado con sus amigos y por fin había decidido ir al psicólogo para tomar riendas en el asunto.
—Bien, Carlos, dices que ya habías tenido este sueño antes, ¿no? —el castaño asintió cabizbajo—. ¿Tenías el control de tu sueño?
—No siempre.
—Bueno, te diré lo que podemos destacar, el laberinto sin salida aparente, es una representación de lo perdido que te encuentras gracias a la reciente pérdida de tus amigos. Las criaturas representan la cantidad de miedos que tienes ahora por lo mismo. El Dreamon que tú mencionas dices que era manipulador y siempre quería algo a cambio puede ser la representación del joven que los estuvo acosando durante tanto tiempo. Tus amigos pues no podemos decir mucho, ya sabes la respuesta, los extrañas y aun no sabes cómo dejarlos ir, el hecho de que algunos hayan escapado puede significar tu inquietud de no haberlos podido salvar y la necesidad de tu subconsciente por revivir ese momento y hacer algo que hiciera el cambio. También, por lo que relatas, casi todo fue desde la perspectiva de Ciel y al final se despidió de ti, podemos interpretar que esto fue porque Ciel era tu hermano, una forma de despedirse de ti. Jorge nunca fue mudo, solo le costaba expresarse, por eso tu subconsciencia lo interpretó como si fuera mudo. Las armas claro ejemplo del arma homicida.
Carlos quien tenía la mirada perdida asintió dándole la razón, le costaba asimilar todo, extrañaba a sus amigos, el psicólogo empezó a anotar algo en su libreta, una receta.
—Ten, es una receta para antidepresivos y para el insomnio. Necesitas descansar, nos vemos el siguiente martes, cuídate —palmeó el hombro del joven, entendía por completo en el caso por el que pasaba.
Carlos salió del consultorio del psicólogo, fue al estacionamiento por su auto y se subió en el yendo directo al cementerio. Llegó y bajó con las flores que había comprado en la entrada del cementerio. Pasó por las rejas que bordeaban el gran cementerio. Llegó a cuatro tumbas algo alejadas de las demás, estas eran recientes, no como las demás que ya estaban desgastadas. Dejó flores en la tumba de Jorge Elrod, Ciel Fritz Nicolás Bardot y Alexis Consuelo, sus ahora difuntos amigos y hermano. Eran tan jóvenes, con tan solo 17 y 18 años se les fue arrebatada su vida a manos de un loco tipo de su edad que causó un tiroteo en su escuela hace 4 días.
Vio morir a sus amigos frente a él, mientras él estaba oculto en una de las aulas junto con Alexis y Nicolás, sus otros dos amigos corrían por los anchos pasillos de la escuela para entrar en el cuarto donde estaban sus demás amigos, Jorge murió por un tiro en la cabeza y Ciel por un balazo en el cuello, siendo disparados al momento de entrar al aula, Carlos y Nicolás cubrieron los ojos de Alexis para que no vieran aquella escena, era demasiado desgarradora para todos ellos, lloraban intentando no dejar escapar algún sonido que los delatara. Esperaron a que pasara el bastardo homicida y salieron de su escondite, Carlos miró por última vez a su amigo y hermano, era bastante para procesar al momento. Nicolás le pisaba los talones, pero notó que Alexis no los seguía, Nicolás lo dejó a salvó en la salida y le dijo que iría por Alexis, Carlos se negó a dejarlo solo, necesitaba acompañarlo y asegurarse de que los dos estuvieran bien, pero si seguían discutiendo por eso no podrían ir al rescate de Alexis. Unos policías llegaron a por ellos y los agarraron, evitando que entraran de nuevo, Nicolás se logró zafar del agarre y fue corriendo hacia la puerta de salida, un policía lo siguió. Carlos gritaba el nombre de ambos y en una de esas se escucharon tres disparos, uno tras otro. Después de unos minutos salió con el homicida que se había suicidado. El castaño fue hacia el policía preguntando por sus amigos, el policía solo pudo decirle que no pudo llegar a tiempo. Carlos quedó en shock, había perdido a todos.
El castaño paró de recordar aquel día tan reciente, estaba llorando y no se había dado cuenta hasta ahora. Miró una última vez la tumba de sus amigos, se secó las lágrimas y se marchó de ahí. Ese suceso lo había marcado de por vida.



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